Valoremos al amigo

Valoremos al amigo
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Los amigos son escasos. Los podemos contar con los dedos de la mano, y siempre nos sobrarán dedos. Por eso, tal vez, no tengamos muchos, pero los que tenemos siempre serán suficientes para llenar nuestra alma… Un amigo es como la perla evangélica que, cuando la encontramos, vamos y vendemos todo, con tal de poseerla. Con un buen amigo no hay camino largo.
A veces se utilizan frases peligrosas como “Te necesito amigo”, o “sin ti me resulta difícil vivir”, o “eres importante para mí”. Estas frases son muy preocupantes, porque en realidad pueden significar lo siguiente: “No me interesa dialogar contigo, no me importan tus planes ni tu libertad. Lo que me importa es que puedes resolver mis necesidades” Y si esa persona, en su libertad, no se adapta a lo que le pedimos, o no quiere ser el tapa agujeros de nuestra vida, entonces se transformará en un ser detestable, en un enemigo o en un competidor, y no podremos soportar que sea feliz.
Descubrimos entonces que, para poder comunicarnos profundamente con otro, para que haya un verdadero diálogo, es indispensable aceptar que el otro no sea totalmente para nosotros, y renunciar a que sea la solución de nuestras necesidades y problemas.
Sólo dejándolo ser él mismo, con su personalidad y su libertad, podremos comunicarnos con nuestro amigo. Entonces lo amaremos también cuando no esté con nosotros, lo respetaremos también cuando no pueda resolver nuestras necesidades, lo aceptaremos también cuando no apruebe o cuando no esté pendiente de nosotros… Así, en el fondo, aunque no tengamos todas nuestras necesidades satisfechas, tendremos la satisfacción más grande de un ser humano: Amar a un amigo en serio.
Un amigo es alguien que se interesa por todo lo que hacemos y pensamos; alguien a quien acudimos en los buenos y en los malos tiempos; que comprende todo lo que hacemos; que nos dice la verdad sobre nosotros, que sabe lo que nos ocurre en todo momento, que se niega a escuchar habladurías sobre nosotros. Un amigo es una parte de nosotros, sin la cual no nos sentimos completos…Por ello; valoremos a nuestros amigos, aceptemos sus vidas, respetemos sus ideales, perdonemos sus errores;  compartamos con ellos el dolor y la alegría, y estemos siempre dispuestos a ofrecerles lo mejor de nosotros. Que ellos puedan vivir en paz cada día, y que siempre irradien la luz del amor.

Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un Abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.

Claudio Valerio

®. Valerius

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