SOMOS AFORTUNADOS, PERO NO AGRADECIDOS

  • oradSólo cuando seamos capaces de dar las gracias a Dios, comenzaremos a
    comprender que todos los dones, buenos o malos, proceden de Él y que no hay nada que temer.   Cuando la gratitud y el agradecimiento se convierten en
    una forma de vida, toda abundancia material y espiritual vibran al unísono,
    nuestro poder personal se combina con los poderes del universo para sanar al
    mundo a medida que nos sanamos a nosotros mismos.
    La gratitud elimina la tensión y la enfermedad.  Cuando expresamos gratitud
    con cada respiración, nos convertimos en una sinfonía de compasión, amor y
    comprensión.  Incluso en los momentos más negros de la vida podemos abrirnos con reverencia y gratitud, llenos de gracia, sabiendo que las crisis dan a luz nuevas oportunidades.  Con la alegría de la aceptación y el
    agradecimiento, los acontecimientos de la vida fluyen como una corriente de
    conciencia suave y constante, transformando los obstáculos en escalones de
    crecimiento.
    La gratitud es nuestra ofrenda a Dios, con la fe en que hay algo más grande
    que nosotros que nos guía, nos sostiene y nos protege.  La expresión de la
    gratitud genera un campo de resonancia que unifica y da poder a nuestra
    visión de transformación personal y universal.
    El valor de la gratitud se ejerce cuando una persona experimenta aprecio y
    reconocimiento por otra que le prestó ayuda. No consiste, necesariamente, en
    devolver ese favor con otro igual, sino en mostrar afecto y guardar en la
    memoria ese acto de generosidad. Más que centrarse en la utilidad práctica
    del servicio recibido, pondera la actitud amable de quien lo hizo.
    Ser agradecido es apreciar a cada momento lo que los demás hacen por
    nosotros y generar con ellos un compromiso de confianza: como estamos
    conscientes de su ayuda, podremos responder de igual forma cuando ellos
    requieran la nuestra.  Cuando la confianza crece, se convierte en amistad:
    dos seres humanos comparten emociones, problemas, soluciones y la ayuda
    fluye siempre en las dos direcciones.  Por esta razón es que ese es el
    sentimiento más importante que debemos ejercitar, junto con la fe. Y su
    énfasis no es desmedido, dado que es el sentimiento o más bien la actitud
    más difícil de poseer.
    Aunque tengas una lista de necesidades y deseos, pregúntate de qué dispones
    ya de lo que puedas sentirte agradecido.  Busca las cosas de tu vida que
    despierten tu gratitud, aunque al principio te parezcan insignificantes.
    Considera con amor y gratitud a todas las personas cercanas a ti (sobre todo
    aquellas con quienes has tenido dificultades en el pasado o las tienes
    ahora).  Pronto comenzarás automáticamente a sentirte optimista y dichoso.

    Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un Abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga, te sonría y derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.

    Claudio Valerio

    ®. Valerius

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